La veracidad de las amenazas de muerte y los presuntos mensajes del crimen organizado denunciados por Ana María del Carmen Vargas, titular del refugio Pergatuzoo en Villa Nicolás Romero, Estado de México, fue cuestionada por testimonios que apuntan a una fabricación interna operada por la propia fundadora y sus familiares.

Los hechos originales se registraron luego de que la organización publicara fotografías de un cartel con siglas delictivas dejado en el auto de la familia de Vargas, localizado en el perímetro de su residencia en la alcaldía Venustiano Carranza de la Ciudad de México, junto a los restos de un gato.

El recado, que reclamaba un impago, fue considerado en un inicio como una agresión directa hacia el activismo animalista. No obstante, la plataforma digital ‘El Perro Mugroso’ expuso que las demandas económicas referían a cuentas vinculadas con la organización ‘Mundo Patitas’, un grupo que mantiene un historial de denuncias públicas contra la gestión de Pergatuzoo.

Este hallazgo, sumado a la muerte del felino utilizado en la escena, levantó sospechas entre la comunidad protectora de animales, donde se teoriza que el ejemplar pudo haber sido tomado de los propios animales bajo resguardo del refugio de Vargas.

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Pergatuzoo y el supuesto montaje de su fundadora, Ana María del Carmen Vargas

Por su parte, residentes del área afirmaron que el vehículo involucrado presentaba los vidrios rotos desde semanas atrás, lo que descalificaría el argumento de que el ataque al coche ocurrió la noche de los supuestos mensajes intimidatorios.

La versión de la directora también contemplaba una supuesta interceptación en la vía pública por parte de células delictivas la semana pasada, señalando que los elementos policiales que acudieron al auxilio le decomisaron alimentos y recursos del refugio, un hecho que carece de comprobación legal hasta el momento.

De acuerdo con las declaraciones recabadas, la simulación de las agresiones tendría como objetivo servir de coartada política y legal ante la Fiscalía General de la República y los gobiernos estatales, intentando desviar la atención de los expedientes abiertos por maltrato animal acumulados en contra del centro.

A la par de estas acusaciones, los denunciantes identificaron al sobrino de Vargas, llamado Miguel, como un individuo que amedrenta a los colonos mostrando armas de fuego, detallando que la dinámica familiar ha provocado diversos conflictos públicos vinculados estrechamente con la operación del refugio.

El caso se da en un marco donde investigaciones de medios de comunicación ya habían señalado a la Fiscalía del Estado de México y a la Comisión Estatal de Parques Naturales y de la Fauna (CEPANAF) por detener las inspecciones en las instalaciones de Pergatuzoo a causa de presuntos intereses políticos.

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