Rogelio Ochoa llegó preparado para cualquier resultado. Si el seleccionado nacional perdía, también. Por eso se lució con un atuendo de la muerte . Una calavera pintada le cubría el rostro. Dijo que si no se teme a la muerte, menos a Ecuador. "Así somos los mexicanos, ganar o morir", ilustró. Sobre el pecho llevó una camiseta verde firmada por Manuel Negrete, el autor de la histórica media tijera contra Bulgaria en el Mundial de 1986. Durante décadas la atesoró. Ayer la volvió a sacar para otra cita mundialista. "La muerte también representa a México, es nuestra tradición, nuestra cultura, miedo a nada, es ganar o nada", dijo el señor de 64 años. Habita en Nezahualcóyotl desde que, según recordó, aquello era "puro lodo". Ahora la Colonia Maravillas. El también cruzazulino destacó que además conserva intacta la memoria de las celebraciones de 1986. Recordó aquellos autobuses de la extinta Ruta 100 repletos de aficionados hasta en el techo. Las caravanas de aquellos grandes sedanes de los años 70 y principios de los 80, como el Chevrolet Impala, Ford LTD, Dodge Dart o Chrysler LeBaron, ocupados hasta en la cajuela por jóvenes intrépidos que pedían al chofer tocar el claxon sin parar luego de que los futbolistas mexicanos doblaron a Bulgaria. "Ese México sigue presente, con otra música, otras ondas nuevas, pero la misma esencia, ser banda, ser unidos", insistió. Dice que ahora los que van al Ángel ya no tienen ese espíritu. Se alocan. "Allá la gente se pone más loca", afirmó. Aquí (en el Zócalo) hay más seguridad, es el Centro de nuestro País, nada como esto", celebró. "Aquí es llorar de emoción. No es lo mismo verlo en algún otro lado que vivirlo aquí". ¿En su casa, con la familia?, se le cuestionó. "Esta es mi casa: México, y en cada asistente está mi familia". A unos metros de él estaba "otro" México. Francisco, al que todos conocen como "Paquito", viajó desde la Colonia España, en la Ciudad de Aguascalientes. Llegó acompañado por su esposa y su hija. Lleva tres días fuera de casa y horas de carretera. Con dinero ahorrado durante semanas para poder hacer el viaje. Cambió kilómetros por goles del equipo mexicano y vivir un Mundial en la Capital. "Esto es lo bonito, mira, todos en familia, todos juntos, todo esto es México y todos nos unimos para el triunfo del Tri", añadió. José Martínez llegó de Xochimilco. Con trompeta de plástico en mano, no dejó de hacer ruido. Dijo que alburea de diez. "Siéntese la banda", decía cada que tocaba la corneta. Luego ya serio, afloró su sentir por el fenómeno del balón. "Mira, yo sé de ilusiones, del ya merito, del ya casi, de por poquito, porque así también somos nosotros, es nuestra característica, el mexicano puede ser un desmadre, pero cuando nos dedicamos y nos unimos todos, nadie nos frena, me cai, y estando unidos como que conectamos, somos esa leña, al final el mexicano sigue siendo el mismo", expuso. Este tipo de rostro ocupó ayer la Plaza de la Constitución, convertida en una tribuna popular, en un estadio donde las butacas estuvieron en el suelo. El estadio donde los fans tuvieron que aguantarse las ganas de ir al baño para no perder la "primera fila" y de sacar una goma de mascar para espantar el hambre.